Dijimos Diego
Y ahora llegas tú, pequeño Diego,
quince meses más tarde que tu hermano
a coronar las horas de septiembre
y a poner luz donde ya había soles.
Vienes con los rubiales en tus sienes,
con el gesto esmerado y tu perfil alerta.
Donde dijimos Diego
apareces tú ahora despertando
con el sueño feliz del inocente.
Dídaco de Alcalá, Pablo de Tarso:
que este mundo te traiga muchas flores.





