Penúltima parada
A José Ignacio Pastor
Mis llagas son milenios
de un mismo rompeolas, perpetuas desazones
de antiguo peregrino sin frontera.
Son tantas las espinas
que apenas hacen daño,
tantos los remolinos
que resultan serenos.
Pero al fin todo pasa
y las almas perviven.
Resignarse es saber
que el existir no acaba,
que aquí sólo habitamos
arando entre la espuma.
Por eso mis abismos,
los de ayer, los de ahora,
las torturas que arrastro cada luna
son signos necesarios
para alcanzar el fin de mi trayecto.





