A estas alturas

A estas alturas de la tarde,

noche o día en España, ya no sé,

revuelo de reloj o calendario,

atardecer aquí, madrugada en tu mundo.

A estas alturas de la tarde de mi vida,

de mis párpados hartos de ver tanto farsante,

profesores toreros, mequetrefes,

payasos de pizarra, trapecistas sin cuerda.

A estas horas de no tenerte aquí conmigo

desde hace varios meses, incluyendo las noches…

Insisto, a estas alturas, horas, tardes y almohada

cuando quiero poner en tus labios

una rosa alumbrada y un beso sin finales,

resulta que he llegado al medio del poema

no sin antes buscar una cerilla

para encender tu rosa y aguardar a que llueva.

Lo lírico no está en la rosa,

sino en el hecho mismo

de que tú eres la rosa.

Eres tú la que nombra el sentido del fuego,

por ti el amor es eso: amor,

sin más palabras,

amor desde tan lejos,

a estas alturas de la tarde noche.

    A estas alturas