Origen de mi carne
A María Jesús Extremiana
Este violín que deja el viento adormecido
es música y es gozo, mosaico de tus días
en que siendo yo aún niño a mi lado venías
para darme el calor de tu amor conseguido.
Este libro entreabierto, por su lado tendido,
encierra en prosa y verso las soledades mías,
el minuto y las horas en las que tú sabías
mi temor a la noche y mi espanto dolido.
Yo contemplo la vida por el reloj que acecha
sabedor de ti, madre, de tu presencia llana,
origen de mi carne, mujer que el aire llena.
Todo esto me llega recordando tu fecha,
abrazado a tu nombre que enciende mi mañana,
que vence toda sombra y puede con la pena.





