En cada uno de estos versos hay un trozo de mi vida y un pedazo de mi corazón mientras sigo buscando los colores del alma en esta luz hallada de mi existencia. Aquí se agolpan algunos de mis pensares, memorias del fracaso, razones de mi verso, últimas confesiones y la estación sin retorno que ha sido y es mi vida entera. Estos versos de aprendiz de poeta son el latir diario de varios años en la lejanía de la casa propia culminados en el hermoso encuentro del verdadero amor y la semilla encontrada y compartida. Al reunir aquí mis poemas, que quise inéditos hasta ahora, tengo la satisfacción de haber alcanzado ya algo de esa luz que mis primeros versos no encontraban. Nace ésta de la seguridad de la existencia de lo divino y de que las almas tienen también el aliento de la bondad y la misericordia divina. Dios -Primaria Voluntad hacia el Bien- quiso ponerme en mi camino una familia inigualable y una esposa cuyo abrazo diario y cuyo amor sincero vierten perfume y belleza desde su rosal encontrado. Van estos versos como testamento de que la vida es una lucha permanente donde la fe y la esperanza pueden más que el desaliento. Alberto Acereda






